viernes, 14 de julio de 2017

Hay que transformar al país en una gran asamblea para que las bases resuelvan que "modelo" hace falta para salir de la crisis

Por Juan Giglio

Desde 1982 hemos votado infinidad de veces. Esto no deja de ser positivo si se lo compara con lo sucedido durante los años negros de la dictadura militar, que pisoteó todas las libertades democráticas. También es progresivo que los partidos de izquierda aprovechen las elecciones para hacer propaganda de la salida socialista y agitar la necesidad de organizar la Huelga General y el Argentinazo para echar al gobierno y su plan de ajuste e imponer una salida al servicio de los trabajadores y el pueblo. Sin embargo, el voto se ha transformado en el método elegido por los representantes de los monopolios para perpetuarse en el poder, manteniendo y profundizando las injusticias sociales que defendían los milicos. Hasta ahora los trabajadores y el pueblo vienen participando en las elecciones, aunque cada vez con menos expectativas en las soluciones que puedan venir de este mecanismo. Por eso, en los hechos, han comenzado a construir otro tipo de democracia, mucho más participativa y “directa”: las asambleas populares que, luego del Argentinazo, continuaron desarrollándose en los barrios y pueblos más alejados del país, como Gualeyguaychú, Famatina o Andalgalá, cada vez que los de abajo necesitaron debatir y organizarse para defender sus derechos.  Este tipo de democracia se expresa en los conflictos obreros, donde las bases, que cada vez odian más a la burocracia sindical y sus métodos, empujan las asambleas de fábrica, escuela, oficina o empresa, como las que tuvieron lugar en las luchas de Cresta Roja, la 60, aceiteros, docentes y decenas de gremios a lo largo y a lo ancho del país. (Reproducimos nota editada en octubre de 2016 explicando la necesidad de las Asambleas Populares y la Asamblea Nacional Constituyente)

No hay comentarios.:

Publicar un comentario